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RUINAS JESUÍTICAS EN LA PROVINCIA DE MISIONES

Historia, mística, leyendas conforman el pasado de esta hermosa provincia...

Fiel testimonio de la antigua vida cultural de la región, el circuito de Ruinas Jesuíticas inserto en la provincia de Misiones permite conocer paso a paso la historia de la colonización y evangelización de nativos en la época de la conquista europea del territorio americano.
El recorrido hace escala en más de un sitio donde las ruinas aún dominan el paisaje. Unas poseedoras de menos jerarquía que otras, pero todas merecedoras de ser conocidas, las distintas reducciones (pueblos integrados por comunidades indígenas reunidas para ser catequizadas) invitan a viajar en el tiempo para vivir en carne propia aquellos acontecimientos.
En el acceso a las Ruinas de San Ignacio Miní, las más destacadas y reconocidas de Misiones, el Centro de Interpretación y Recreación Jesuítico-Guaraní presenta nueve salas que a modo de relato histórico reconstruyen el pasado, desde la llegada de los primeros españoles, incluyendo una maqueta de lo que fueron las reducciones, y culminando con un emocionante y educativo espectáculo que, mediante luces y sonidos, revive lo sucedido entre los Siglos XVII y XVIII.
En un estado más natural y mimetizadas con la selva que las envuelve, otras ruinas menores exhiben su visión de los hechos. Las Ruinas de Nuestra Señora de la Candelaria, situadas a 19Km. de Posadas; las Ruinas de Santa Ana, ubicadas a 40Km. de la capital provincial; las Ruinas de la Misión de Nuestra Señora de Loreto, emplazadas unos 10Km. más allá; y las Ruinas de Santa María la Mayor, que aparecen pasando Itacaruaré; son los descansos subsiguiente en este itinerario de gran importancia cultural y religiosa.
Una interesante arquitectura, ornamentada con figuras en las que puede apreciarse la clara impronta guaraní, constituye la principal parte de este magnífico atractivo turístico-cultural que permite descubrir el modo de organización de la ciudad en los tiempos en que la plaza y el templo funcionaban como ejes estructurales.
La misión inicial, con el nombre de San Ignacio Miní (San Ignacio Chico), fue erigida por los sacerdotes José Cataldino y Simón Maceta en la región que los nativos llamaban Guayrá y los españoles llamaron La Pinería (por la abundacia de bosques de pino Paraná), en territorios entonces hispanos y que actualmente corresponden al estado de Paraná (Brasil), alrededor de 1610, más precisamente en la orilla izquierda (en ese lugar orilla sur) del río Paranapanema y a la izquierda del aún hoy llamado San Ignacio en el sitio hoy llamado Santo Inácio. Las coordenadas del primer asiento de San Ignacio Miní fueron: 22°41′52″S 51°47′37″O.
San Ignacio Miní I era entonces una de las 13 reducciones fundadas por los jesuitas españoles a partir de 1554 cuando ya existían en la Guayrá las poblaciones españolas de Ontiveros, Ciudad Real del Guayrá y Villa Rica del Espíritu Santo; la primera San Ignacio Miní entonces fue fundada a poca distancia de la capital de las Misiones Jesuíticas del Guayrá, tal capital era la reducción y ciudad de Nuestra Señora de Loreto fundada en 1610 y ubicada también en la orilla izquierda del Paranapanema y en la desembocadura del río Pirapó sobre el citado Paranapanema.
En 1631, la mayor parte de las reducciones fueron asediadas y destruidas por los bandeirantes paulistas o mamelucos. Sólo las de San Ignacio y Nuestra Señora de Loreto resistieron los ataques, pero en 1632 decidieron trasladarse a la región de Paranaimá, hacia el oeste. Pese a la organización de milicias nativas organizadas y entrenadas por los jesuitas de vocación militar, las hostilidades obligaron a replegarse nuevamente hacia el este, a su ubicación actual, en donde en 1696, la presión de los bandeirantes y mamelucos lusobrasileños obligó a que el padre jesuita español Antonio Ruiz de Montoya guiara a la población guaraniticomisionera hacia el oeste y hacia el sur bajando sucesivamente por los ríos Paranapanema y Paraná, tras haber tenido diversos emplazamientos que fueron abandonados más tarde, se restableció definitivamente en el sitio actual (coordenadas: 27°15′19″S 55°31′54″O), cerca de la confluencia del río de las Rayas o Yabebiry con el Paraná, desde entonces el Yabebiry señaló los límites entre las Altas Misiones y las Bajas Misiones. Recibió entonces el nombre de San Ignacio Miní ("la menor", en guaraní) para distinguirla de la anterior San Ignacio de la zona, llamada luego San Ignacio Guazú ("la mayor").
Hacia mediados del siglo XVIII la misión contaba con más de tres mil habitantes, y una rica e intensa actividad artesanal y cultural; su ubicación sobre el río Paraná favorecía el comercio con otros asentamientos de la zona. Sin embargo, en 1768, tras la expulsión de los jesuitas, fue abandonada por completo. Al igual que el resto de reducciones.
Cuentan que este conjunto jesuítico fue uno de los más importantes de su época. Sin embargo, el primer asentamiento de esta misión jesuítica fue en el actual territorio de Brasil, a orillas del río Iyuí, y no en su emplazamiento de tierras misioneras.
Fue fundada en el año 1628, viéndose obligada a mudarse unos pocos años más tarde, llegando a su solar definitivo para el año 1665. La causa de su emigración fue el asedio por parte de los bandeirantes, portugueses que reclamaban el territorio del actual sur de Brasil como propio. Estos colonos no paraban de atacar a los jesuitas y esclavizar a los nativos.
Un vez instalada en al actual territorio argentino, esta misión jesuítica tuvo una gran importancia como centro administrativo de todas las misiones. Fue sede del Provincial de las Misiones de Guaraníes.
Con una traza parecida al resto de las estancias, su plaza marcaba el centro y a su alrededor se ubicaban los edificios principales. Contaba una iglesia, viviendas, zonas productivas y con un Cabildo, donde trabajaron los religiosos a cuyo cargo quedaron las Misiones luego de la expulsión de los jesuitas en 1767. A su vez desde el Conjunto Jesuítico de Nuestra Señora de la Candelaria reconocieron a la Junta de Gobierno nombrada en Buenos Aires.
Por el tratado de comercio y límites firmado con Asunción en 1811, Candelaria, junto con otros cuatro pueblos paranaenses, quedó bajo la custodia del Paraguay. Andrés Guacurarí (“Andresito”), recuperó los pueblos en el año 1815, pero para el año 1821 fueron retomados por los paraguayos, en cuyo poder quedaron hasta 1865.
Lamentablemente no es mucho lo que se rescató de las edificaciones de esta estancia. Algunas paredes, escalinatas, columnas y ladrillos dispersos se pueden observar. Todo dentro de terrenos de la Unidad Penitenciaria de Candelaria. Sin embargo las pocas paredes en pie (apuntaladas) que se pueden ver, permiten imaginar la importancia que tuvo la reducción, ya que algunas llegan a los siete metros de altura. Dichos fragmentos, se cree que pertenecieron a la sede del Superior, a los talleres y viviendas. Otros vestigios se pueden observar entre las casas de pueblo.
Esta misión jesuítica, como el resto en la provincia, ha sido integrada a la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, desde el año 1984.

Fuente: Turismo Misiones

http://www.misionesturismo.com.ar/

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